Esta semana cumplieron años mis hermanos, mis carnales. Sí, esos dos que a Alguien se le ocurrió que viniéramos de la misma madre (¡y qué madre, señores, qué madre!).
Da la casualidad que por segundo año consecutivo, no estoy con ellos para despertarlos gritando: ¡PISTACHON LAS MAÑAÑITAS... TANTAN! y caerles encima para que despierten (no saben lo difícil que es lograr que estos dos abran los ojos en las mañanas) o ponerles a todo volumen las Mañanitas de Cepillín.
Quiero un mucho a mis hermanos, o como diríamos nosotros: "un chingo", aunque a veces no se note. Digo, porque muchos de ustedes han de saber aquella anécdota en la cual estando Chris dormido boca abajo, llegué yo y le encajé una jeringa que mi madre acababa de poner sobre la mesa... (a mi favor puedo decir que tenía 3 años y era totalmente inocente: ¡Solamente imitaba lo que veía hacer a mi mamá!) Cabe aclarar que no por eso Chris tiene tremendo trasero, ese ya lo traía desde que nació. O que, cuando tenía 8 años, me sujetaba de las presillas de los pantalones de Abraham para no dejarlo salir de la casa porque quería que jugara conmigo...
Desde el otro lado del país les mando un abrazo, un beso y su regalo se los debo (otra vez).
Dios los bendiga siempre y los deje más años porque quiero más sobrinos, más travesuras, más canciones, más ocurrencias, más peleítas, más regaños, más pláticas sobre la mesa después de la comida... Feliz cumpleaños, Christopher y Abraham.
Se nota que desde chiquita eras tremenda!!, jajaja
ResponderEliminarPues creo que una llamadita rápida les caeria muy bien, asi es que ... anadale que esperas comienza a marcar, jajaja.
Saludos :P