Es irremediable.
Cada año, cuando se acerca esta fecha comienzo a preguntarme ¿qué hice mal? ¿qué olvidé decir? ¿cuál fue el error?
La memoria me juega una mala pasada todas las noches y el sueño es el mismo: Salgo corriendo de mi casa, me detengo en el umbral de la puerta volteo hacia la izquierda y ahi está él, como si fuera cameo cinematográfico, levanto la vista poco a poco, pero jamás me muestra su cara; es como si no existiera. Después de esto despierto con la firme idea de que no sólo es un sueño, si no un recuerdo que no logro concretar. Como si mis recuerdos se bloquearan ante la sola idea de hacerlo presente.
Claro que hay fotos, pero su imagen no representa nada. Es un ser invisible.
Y ahora que se supone que ya lo tendría que haber entendido, tras muchos años, las experiencias siguen a flor de piel: Una niña enmedio del patio de juegos de un Jardín de Niños que ve a todos sus compañeros jugando acompañados de una persona a la que le llaman "papá" , espera a que lleguen por ella para irse a casa... Ahí fue cuando comprendí el peso de las decisiones: él decidió no estar aquí, yo decidí seguir la vida como si no supiera de su existencia.
No es reproche, es desahogo del alma.
El Señor Tiempo no perdona, me sigue siendo difícil mencionarte siquiera. A veces quisiera saber ¿dónde estás?, ¿cómo estás?, ¿qué ha pasado en tu vida? Pero me niego a buscarte. El mismo sentimiento de invasión a una vida que ya está hecha, me impide tomar un teléfono, contactar con unos cuantos desconocidos y dar contigo. Quizá aún no es tiempo de hacerlo. Pero estas fechas siempre me ponen a pensar en tí.
Donde quiera que estés. Un abrazo.
Feliz Día del Padre.
Te quiero, Papá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario