miércoles, 29 de junio de 2011

Internacionalmente mayor de edad.

No siempre se cumple 21, pero siempre he tenido cierto problema con los regalos, cada vez que me preguntaban: ¿Qué quieres que te regale? normalmente lo que pedía no llegaba: el juguete de moda, los libros que quería, el aparato electrónico que todo adolescente tenía... Después me dí cuenta que tenía mucho más que todos esos niños que les regalaban lo que pedían en su cumpleaños y yo lo tenía TODO EL AÑO, no tenía que esperar 364 días para recibirlo:  una familia maravillosa, amigos increíbles (algo locos, es cierto, pero incondicionales), un "vicio" por la lectura y el conocimiento que crece cada día más, hermanas postizas que me cuidan más que los hermanos verdaderos, sobre todo, tras de mí, generaciones y generaciones de personas que con el pasar de sus años han dado forma a lo que soy ahora: Una mujer que se sabe consciente de su identidad, de lo que quiere y puede lograr.

¿Qué me puedes regalar? Que te despiertes con una sonrisa cada mañana, que vuelvas a saludar a las personas que te encuentras en la calle, las conozcas o no; que cuando veas al señor tocando el violín en las calles del Centro lo veas como un Maestro de la Vida, no como un viejo; que vuelvas a confiar en las personas, que respires ese perfume de tierra mojada y te acuerdes de quien escribe esto... 

Y sí se trata de algo para mí, es sencillo: tu amistad, el saber cómo te encuentras día a día, la sonrisa que te provoca algún comentario mío, el abrazo de todas las mañanas, verte un día de la semana, dejarme ser tu apoyo para cuando lo necesites, imaginar mundos e historias contigo, repetir infinidad de veces los diálogos de las películas infantiles y cantar a todo pulmón: "Yo soy tu amigo fiel..." cosas fáciles de hacer.

Veintiún años no se escribe fácil (¡claro que no! las faltas de ortografía están a la orden del día, jajaja) pero el tenerte a mi lado un año más y los que vengan es un buen motivo para darte, como diría Abraham Miramontes: ♫ Gracias, porque estoy, porque soy y porque puedo darte Gracias ♪

viernes, 17 de junio de 2011

A veces quisiera recordar.

Es irremediable. 

Cada año, cuando se acerca esta fecha comienzo a preguntarme ¿qué hice mal? ¿qué olvidé decir? ¿cuál fue el error?

La memoria me juega una mala pasada todas las noches y el sueño es el mismo: Salgo corriendo de mi casa, me detengo en el umbral de la puerta volteo hacia la izquierda y ahi  está él, como si fuera cameo cinematográfico, levanto la vista poco a poco, pero jamás me muestra su cara; es como si no existiera. Después de esto despierto con la firme idea de que no sólo es un sueño, si no un recuerdo que no logro concretar. Como si mis recuerdos se bloquearan ante la sola idea de hacerlo presente.

Claro que hay fotos, pero su imagen no representa nada. Es un ser invisible.

Y ahora que se supone que ya lo tendría que haber entendido, tras muchos años, las experiencias siguen a flor de piel: Una niña enmedio del patio de juegos de un Jardín de Niños que ve a todos sus compañeros jugando acompañados de una persona a la que le llaman "papá" , espera a que lleguen por ella para irse a casa... Ahí fue cuando comprendí el peso de las decisiones: él decidió no estar aquí, yo decidí seguir la vida como si no supiera de su existencia.

No es reproche, es desahogo del alma.

El Señor Tiempo no perdona, me sigue siendo difícil mencionarte siquiera. A veces quisiera saber ¿dónde estás?, ¿cómo estás?, ¿qué ha pasado en tu vida? Pero me niego a buscarte. El mismo sentimiento de invasión a una vida que ya está hecha, me impide tomar un teléfono, contactar con unos cuantos desconocidos y dar contigo. Quizá aún no es tiempo de hacerlo. Pero estas fechas siempre me ponen a pensar en tí.

Donde quiera que estés. Un abrazo.

Feliz Día del Padre.

Te quiero, Papá.